Texto de Mingyur Rimpoché

 

Con motivo de la celebración del nuevo año tibetano (Losar) de 2010

 

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Mingyur Rinpoché en retiro de 3 años a la puerta de su cueva en paradero desconocido

Estoy en mi monasterio en las afueras de Kathmandu por el momento, donde todos los monjes están ocupados preparando el Nuevo Año Tibetano (Losar), la fiesta más grande del año. Al observar toda la actividad frenética a mi alrededor, me recuerda el tiempo que pasé con mi padre de niño y la suave guía que me ofreció como meditador principiante, estoy seguro de que muchos de vosotros ya sabéis que mi padre fue un maestro de meditación verdadero y uno de mis maestros más importantes.

Tenía ocho años cuando fui a su ermita para estar con él, incluso entonces tenía una ansia profunda de aprender el arte de la meditación. Estaba preocupado por unas agobiantes sensaciones de miedo y ansiedad que parecían seguirme como una sombra. Cuando tímidamente compartí mis dificultades con mi padre, me dijo que el movimiento constante de pensamientos y emociones que experimentamos son solo una pequeña parte de nuestro mundo interior. En cada momento, me dijo, tenemos la oportunidad de conectar con una conciencia eterna que no es afectada de ninguna manera por las condiciones cambiantes de nuestras vidas.

Cuando me introdujo por primera vez a esta conciencia eterna, parecía casi demasiado bueno que fuera verdad. Yo sentía un gran respeto hacia mi padre, por lo que nunca dudé de lo que intentaba enseñarme, pero también estaba atrapado por los pensamientos y sensaciones que inundaban mi mente. Realmente creía que era posible hacer que esta conciencia pura fuera una experiencia viva, pero no creía que fuera posible para mí.

Mirando atrás, puedo ver que mi mayor obstáculo de aquellos tiempos era que pensaba que la meditación era algo que me ayudaría a librarme de las partes de mí mismo que no me gustaban. Sinceramente esperaba que la meditación me conduciría a estados mentales felices y serenos donde el pánico y el miedo no me afectarían. Sin embargo mi padre me dirigía hacia algo más radical que eso, quería que viera que la única forma de salir del sufrimiento era acercándome hacia él, que el camino del verdadero despertar yace en experimentar cada momento, sea agradable o doloroso, con un amor completo e incondicional.

El valor del amor incondicional es algo que podemos ver inmediatamente cuando está relacionado con otros, pero ¿cuántas veces pensamos en cultivar el amor incondicional hacia nosotros mismos? ¿Cuántas veces no sólo aceptamos, sino que apreciamos nuestros propios puntos débiles y sensaciones dolorosas? Esto es completamente diferente que consentir o reprimir hábitos destructivos. Lo que mi padre me enseñó en esos años tempranos fue que cuando nos dejamos ser simplemente y nos abrimos a la riqueza del momento presente, experimentamos cada pensamiento, sensación y experiencia como una expresión de la naturaleza luminosa de la mente. Desde la perspectiva de la conciencia, no hay un pensamiento o emoción que sea mejor o peor que otro, todo son manifestaciones del potencial infinito de la mente.

Al leer esta carta sentado, mira si puedes estar en esta actitud de completa apertura y amor incondicional hacia tu vida por un momento. No necesitas sentarte de una forma específica, ni decir alguna plegaria o mantra en especial, ni tienes que alterar tus pensamientos o sensaciones de ninguna forma. Sólo déjate estar completamente natural, completamente cómodo con lo que surja en el momento presente.

Cuando descansas así, no tienes que esperar que suceda algo especial, lo que estamos haciendo aquí es profundamente normal, de manera que no hay nada nuevo en ello. Es el mismo cuerpo, la misma mente que experimentamos todo el tiempo, la única diferencia es que ahora no ponemos resistencia a nuestra experiencia. No importa si te sientes abierto y espacioso o completamente tenso, puedes incluso sentir que relajarte y soltarlo todo es completamente imposible. Si es así, eso es maravilloso. Sólo tienes que estar con la resistencia, estar con la frustración..estar con lo que sea que se manifieste en el momento. Siempre recuerda que no hay nada en todo el mundo que pueda robarte esta conciencia eterna. Está contigo todo el tiempo.

Aunque a menudo hacemos la meditación complicada y difícil, en realidad es muy simple. Como mi padre me enseñó hace ya muchos años, todo lo que tenemos que hacer es abrazar cada experiencia con atención consciente y abrir nuestro corazón completamente al momento presente. Una vez hemos hecho esto, podemos llevar esta misma actitud con el corazón abierto hacia nuestras interacciones con los demás. En realidad el estar conscientes y la compasión son contagiosas. No necesitas hacer o decir algo, cuando estás completamente cómodo con tu propio ser, las ondas de tu conciencia se extenderán naturalmente hacia todas direcciones, tocando la vida de todos los que encuentres.

En Tíbet, Losar se considera una ocasión sagrada y una oportunidad especial de hacer un comienzo auspicioso para el año que empieza. Al continuar tu viaje espiritual en este nuevo año, por favor haz que esto sea el corazón de tu práctica: Trae amor incondicional a tu vida donde y cuando puedas. Deja que tu vida fluya con gracia y confianza, abrazando cada momento con la conciencia radiante que es tu verdadera naturaleza.

Yongey Mingyur Rinpoche